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Otro fútbol es posible

Manuel Podestá

Cómo no imaginar múltiples manifestaciones del cuerpo, del alma y de la pelota, abrazada al alma y al cuerpo, si este continente cobija a personas tan bellas, capaces de decir palabras tan hermosas:

Eduardo Galeano desde las venas de Montevideo:

—Ella está en el horizonte –dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.

Osvaldo Bayer en el corazón de Buenos Aires:

—Así de sencilla es la utopía: sentarnos a discutir todo aquello que se nos impuso en nombre de la autoridad y la propiedad, que nos ha llevado a guerras, torturas, regímenes de esclavitud y a la absoluta obscenidad de las fortunas multimillonarias y su correlato de millones de hambrientos que mueren todos los años.

Cómo no pensar en otro fútbol cargado de Maradonas. Por qué no creer en estrellitas esperanzadoras, lucecitas alumbradoras en el centro de las tinieblas. Cómo evitar maravillarse con esos flechazos de Messi y Agüero. Por qué no tocar con las manos esos goles que otorgan felicidad. Cómo no sonreír con esas caricias de Riquelme a su pelota. Cómo deshacerse de los latidos ante entregas de fútbol energizantes de Mascherano y Tevez.

Si alguna vez en nuestra historia nacional, existió un equipo llamado La Máquina con Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Si hubo un tiempo en el que los humanos pudieron gozar del Brasil del setenta con Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelino. Si en España, en 1992, jugó uno de las más grandes formaciones de la historia del fútbol de clubes: el Barcelona paseó sus malabares por todas las regiones de la península Ibérica. Si Europa supo de un team llamado Ajax, que desde Holanda revivió los fantasmas de La Naranja Mecánica. Si nuestra América quedó boba con esas escaladas épicas del seleccionado argentino de México 86.

Es la historia por las utopías futboleras, desde el los pies hasta la cabeza, desde el arquero hacia el delantero: si fuimos testigos de porteros como el argentino Amadeo Carrizo o el ruso Lev Yashin o el español Ricardo Zamora; si pudimos alentar las arremetidas caballerescas de los defensores argentinos Ayala y Sorín, del brasileño Roberto Carlos, del italiano Paolo Maldini o del francés Laurent Blanc; si comprobamos que eso de la magia es verdad con los pases de Beckenbauer,  los quites de Redondo, las memorables remontadas de Obdulio Varela, y las habilitaciones de Paul Gascoigne, Michael Laudrup, Johan Cruyff, Valderrama, Bochini y los bellísimos bailes del francés Zidenine Zidane. Si nos regocijamos llenos de esplendor en cada gol del inglés Greaves, del portugués Eusebio, del uruguayo Enzo Francescoli, del argentino Caniggia, y el británico Bobby Charlton. De Alfredo Di Stefano, de Artur Friedenreich, de Jurgen Klinsmann, así como de Pelé, de Garrincha, de Michel Platini, de Marco Van Basten, de Gerd Müller y José Andrade.

Porque no se necesita levantar ninguna copa ni ser oficialmente distinguido para quedar en la memoria colectiva. Y ejemplo de ellos, son los seleccionados de Holanda del 74, comandados por Cruyff, Neeskens, Resenbrink, Krol, dirigidos por Rinus Michels; o la Hungría del 38, entonada por los cantos de su artillero Zsengeller, o la Hungría del 54 de Puskas y Kocsis.

Por qué no tener un poquito más de esperanzas, hombres y mujeres de este mundo, luego de leer esas caricias que Bayer y Galeano nos regalan al finalizar el día:

—Todo fue una leyenda, un magnifico cuento de magos, volantineros, malabaristas y hasta clown. Un teatro inigualable para niños y grandes, y para niños grandes. Un encuentro hermoso con alegrías y lágrimas, con ruidos y espantos. El circo de la gente pobre, la misa de campaña de los solitarios que quieren sentirse acompañados por una vez. Pero también de los ricos y aprovechadores, de los eufóricos y de los aburridos –recita Osvaldo Bayer.

Mientras tanto, Galeano balbucea:

—Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.

  

Fuentes consultadas.

Bayer, Osvaldo (1999). “En camino al paraíso”. Buenos Aires: Javier Vergara Editor.

Galeano, Eduardo (1995). “El fútbol a sol y sombra”. Montevideo: Ediciones del Chanchito.

Comentários»

1. 5ª Edição « - 31 março, 2008

[…] Pela primeira vez, temos uma participação internacional, da qual nos sentimos muito honrados, com a crônica “Outro fútbol es posible”, escrita pelo argentino Manuel Podestá. Também nesta edição, a RE volta polemizando com Luís […]

2. Otro fútbol es posible « - 11 abril, 2008

[…] —Ella está en el horizonte –dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar. Continue lendo […]


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